Encerrado en un cuarto de ángeles estoy, estoy porque aún tengo la fortuna de estar, estar simplemente por estar ya que me es imposible fingir lo que siento y que a la vez siento no poder expresar, expresar el incongruente flujo de sensaciones que pasan, que pasan siendo como armas letales, las cuales no sé como describir, describir al verdugo que me tortura y me extorsiona, me extorsiona saber eso porque creo estar siendo la victima que jamás imaginé torturar.
Si, Isabel y yo teníamos un par de años de conocernos, la relación de un tiempo a la fecha ha sido algo inestable problema tras problema, alegría tras alegría, cual barco que navega en altamar en días de tormenta o en días de calma. He navegado en su vida sin saber realmente mí destino, nuestro destino final. Efectivamente me ha costado subir a este barco, he pagado un precio muy alto para al fin conseguir un lugar en primera clase, sería de tontos aventarse del barco a medio camino y nadar y nadar.
En tiempos libres, cuando no había mucho que pensar ni por qué preocuparse, se desató una terrible señal, aquella chica imposible había respondido al saludo más simple del mundo, imposible de creer pero cierto sin embargo. El tiempo transcurrió y las cosas se ponían en una balanza, cuando de un lado había tormenta, en el otro reinaba la calma.
Por cierto lapso de tiempo dejé de ver a María, Isabel representaba el todo, lo absoluto, la maravilla, el mundo entero; mi barco navegaba con tranquilidad por su mar, que me protegía, me ilusionaba, que me guiaba por la felicidad. Era el sentimiento el culpable de que al estar con ella mis 5 sentidos se volvieran uno y nada más, que al soñar con ella las cosas efímeras se convirtieran en una eternidad, y que mi condición de hombre libre me trasladara al mundo de su frivolidad.
Había que hacer escala en una isla, donde predominaban árboles grandes de ilusión, plantas llenas de ficción y animales nocturnos que emanaban sonidos de confusión, mi yo y mi otro yo comenzamos a explorar juntos la isla mientras el barco esperaba en la orilla, las voces de los árboles nos aconsejaban regresar, mi yo trataba de ignorarlas y continuar con el cometido mientras que mi otro yo intentaba interpretar esas voces de aliento y confianza, ambos sabíamos que no estábamos perdidos pero que entre más nos adentráramos en la isla más peligro correríamos. Eran las plantas quienes teñían el paisaje de infinidad de colores, y eran ellas también quienes nos hacían reflexionar sobre permanecer o desaparecer del lugar, mi yo era el necio a quien mi otro yo necesitaba convencer, de cualquier forma seguimos caminando pero esta vez eran los sonidos animales quienes insistían en nuestra permanencia, mi yo era el caprichoso cobarde, mi otro yo el sensato valiente que no permitiría el tropiezo de su contra parte.
Ambos sentíamos una mirada penetrante que no nos dejaba ni un solo instante, pudimos habernos puesto a pensar en que la mirada era de alguien familiar, pero no le dimos mucha importancia y seguimos el camino; se adentraba la noche y no parábamos de caminar, pues íbamos en busca de algo, algo que aún no teníamos ni la más mínima idea de que podría ser, pero sin embargo buscábamos; sonidos de animales, voces de arboles en la mente pero el latido de un corazón confuso, acelerado por sentir esa sensación de pertenencia, o mejor aún, esa sensación de confidencia nos perturbaba aún más y ponía en un terrible conflicto la capacidad de decidir libremente, de elegir un camino cierto, ese camino ambiguo y subjetivo que pudiera llevarnos al exilio.
Era la mirada tierna, sincera, y fiel la que no dejábamos de sentir, y por más que nos pusiéramos a pensar, sabíamos de quién podría venir, si, María estaba allí, junto a nosotros todo el tiempo, todo ese tiempo relativo a mí a ella y a nuestro sentir, la había encontrado nuevamente, pero en realidad eso no me ponía feliz, feliz estaba al darme cuenta que me había reencontrado, que era a mí a quien yo extrañaba, y que la culpable de ese frío sentimiento era ella porque sabía, muy en el fondo, que yo no era yo si no estaba con ella, y no me gustaría ponerme a pensar en eso de la necesidad de quien tanto habla la tan afamada sociedad, porque de haberla necesitado hubiera caído en el pozo de la obsesión, donde solo se ve un haz de luz, aquel único objetivo por alcanzar cuando todo lo demás se vuelve oscuro e insignificante.
María y yo fuimos a recorrer un poco la isla, era completamente un mundo nuevo que no conocía, pero sin embargo un mundo increíble, del que ella se había vuelto parte, al que me quería involucrar, donde me perdiera por un instante. Me quería con ella, yo no estaba seguro de eso, me limitaba a ella, yo no me cansaba de eso, me prometía una luna y una estrella, yo daría la vida por ella. Mi condición de libertad nuevamente se veía afectada pues la libertad se ve estancada cuando en el camino encuentras dos brechas y no sabes por cual decidirte, no sabes cual podrá ser tu mejor decisión.
Entre tantos pensamientos y sentimientos encontrados recordé que me hacía falta algo y efectivamente yo había dejado a alguien por mí esperando, salí corriendo sin pensar en detenerme, llegué a la playa, el barco ya no estaba, estaba la huella y sobre ella un mensaje que decía: "todo camino tiene un inicio y tiene un fin, y el nuestro hasta aquí llegó", eran mis manos que inmediatamente comenzaron a temblar, la vista clavada en el horizonte se comenzaba a inundar, mis pierdas débiles empezaban a cederse a la fuerza de gravedad dejándome caer, el mundo que creí alguna vez reinar daba vueltas y vueltas sin cesar, la trayectoria del mar había llegado a su final y la bella isla que me cobijo por un momento se empezaba a secar, fue entonces cuando cerré los ojos sin parar de llorar, una nueva tormenta había comenzado ya... culpable por no apreciar la situación y culpable por no aprovechar una oportunidad, llegó el momento de abrir los ojos, ya no era ningún barco en algún mar, sino una carroza en un pedregal; ya no era ninguna isla encantadora, sino un enorme desierto donde me encontraba yo y nadie más.
No, no, no... o bueno, tal vez.. pero... ¿cuando habrá sido la última vez que recibió alguna?, me es difícil responder esa pregunta ya que no fuí yo el autor; ¿y si se enoja?, y... ¿si cambia todo entre nosotros?, no quiero meter la pata, ¿por qué todo tiene que ser tan difícil? y más cuando mis deseos y ganas aumentan y más cuando soy capaz de... ¡que terrible situación!, me encuentro atrapado entre mis propias palabras, ensordecido por mi propio silencio, cegado por mis própias visiones y anhelos, y ellá ahi... como aquella luz que se ha de seguir en medio de la inmensa oscuridad, donde lo único que se desea es escapar. Y bien, una simple carta no creo que le haga daño, en todo caso serían las palabras o las frases implicitas...
Querida Lucía:
Esta tarde mientras apreciaba el atardecer...
No!, no puedo comenzar de esa manera, es algo tonto y absurdo ya que lo que menos quiero que sepa es que mientras intento escribirle, algo profundamente triste intenta consumirme llevandose lo poco que queda de mi. La última carta que le escribí jamás se la dí, quería que fuera un secreto, uno de tantos que...
Lucía es aquella chica sencilla, de sonrisa encantadora y ojos fascinantes, portando del virus de la pasión y la enfermedad de la alegría, vive inundada de amistades, pasiones y fantasía, sin pedirle algo al mundo ajeno, puede hacer del suyo uno extraordinario, bello y eterno. Y es entonces cuando entro en crisis y contradicción al no saber si realmente me la merezco o si es uno de esos caprichos que tanto detesto pero... pensandolo bien, se está convirtiendo en una gran asesina de mis ojos, de mi alma y de mi vida... ¿por qué me sonrie de esa forma? ¿por qué me ve y hechiza? ¿por qué me toca y me paraliza? ¿por qué no puedo ser yo mismo, cuando es ella misma?
El problema comienza cuando al intentar escribirle una oración brotan mil desde el fondo de mi corazón matando el hecho de no saber ni de mi tiempo, ni de mi espacio, ni de mi razón; me es muy difícil escribirle todo esto que siento, no quiero aburrirla, invadirla ni persuadirla, quiero que sepa con una o con mil palabras que siento algo muy lindo por ella que me llena de ilusión, que es algo increiblemente cierto y que me temo que no es simplemente pasión.
Recuerdo que no fue casualidad conocerla, mucho menos azares del destino, fue algo que ambos provocamos, algo que no se de donde vino, ese algo que te impulsa a hacer cosas inimaginables, a moverte por espacios inestables, a decir cosas absurdas pero aceptables; es el hecho de desconocerse a sí mismo, de trasladarse a un mundo lleno de locos, de ir contra la corriente de no saber que es lo que en sí está pasando, es el querer mover cualquier objeto con el simple sentimiento. Entonces esto no se puede quedar así, ella tendrá que recibir la carta que pienso escribir, la que me abrirá las puertas o la que me enviará al exilio. Dar el siguiente paso, no es fácil, pero no darlo puede ser insensato."El problema acabaría si al decirle amor, ella me respondiera: "lo siento, amigo"... mi mundo y mi tiempo se detendrían si al decirle amor, ella me dijerá: "dime, amor mío!"
Querida Lucía:
Heme aqui escribiendote las palabras que cierto día crei no escribiría...
Ya lo decía alguna vez aquella pregunta: ¿cómo pretendes que te diga “amigo” si alguna vez te dije “amor”?, y es así como acontece ahora; yo, sentado, cruzado de piernas, mordiéndome los labios... miro hacía el cielo esperando a que caiga algo que me alivie o aniquile de inmediato; ella, sentada con las piernas juntas, con su rostro sobre ellas, lleva sus manos sobre la cabeza como si intentase desaparecer de este momento, en el que quizás no se había puesto a pensar ni un solo instante...
[Recuerdo aquella vez, cuando nos conocimos, la recuerdo tan bien como si hubiese sido ayer, mi familia y yo teníamos apenas dos semanas de habernos mudado a este lugar, era viernes por la tarde y las hojas de los árboles revoloteaban junto con el viento del otoño que nos cobijaba mientras allá afuera, en la mente de los demás, reinaban el rencor, las guerras y nada más.Teníamos la edad, de la sonrisa, de la alegría y de la paz, ella llevaba un vestido bello como su rostro, puro como su alma y blanco como su ingenuidad, yo vestía el mismo overol de todos los viernes, pero creo que ella no se fijó en eso, porque no dejaba de asombrarse por mi cara de felicidad. Me invitó a jugar con ella, acepté y pasamos toda esa tarde juntos, después, ya cansados, terminamos sentándonos frente a la puerta de su casa, platicando de cosas tan simples pero tan complejas y fantasiosas a la vez, que sólo cuando somos niños solemos decir.
Desde aquel entonces, Anna y yo solíamos salir por las tardes a jugar, a inventar cosas nuevas, a imaginar vidas diferentes, a reír o simplemente a sentarnos y platicar de mil y una estupideces frente a la puerta de su casa. Era entonces cuando solíamos decir infinidad de frivolidades, como que nosotros jamás besaríamos a alguien del sexo opuesto en nuestras vidas, al menos yo, deje de opinar eso cuando ella me dio un beso por primera vez en la mejilla... Conforme fuimos creciendo, los juegos, las risas y las pláticas fueron tornándose más intensas, interesantes y divertidas, sin darnos cuenta, éramos el uno para el otro aquel gran amigo o amiga que todos alguna vez deseamos tener; todos los viernes me contaba de algún chico nuevo que había acabado de conocer, nunca me dijo algo sobre algún interés en alguno de ellos pero como buen amigo, siempre trataba de aconsejarla, guiándola por el buen camino; confiaba mucho en mi, ya que yo era como su diario personal, donde ella anotaba todo... hasta con lujo de detalle. En una noche de esas, fue cuando me abrazó y me dio las gracias por ser quien era para ella, "su mejor amigo", recuerdo haberle dicho que la amistad que sentía por ella, era como la rosa de su jardín, que ella solía regar a diario y procurar siempre por su bienestar.]
...volteo a verla y ahora tiene la columna recta, el cuello erguido y los ojos cerrados, y mientras noto su pausado pero profundo respirar, me envuelven unas ganas terribles de acercarme, abrazarla, darle un beso y confesarle de una vez que todo lo que ahora siento ya no es simplemente una gran amistad como antes, sino un profundo amor que no me deja en paz. ¿Estará arrepentida? o ¿por qué le escurre esa lagrima por el rostro? debo dejarla que piense un poco mas, que se tome el tiempo necesario, pero también tengo ganas de salir corriendo y olvidarme de una vez de todo esto y volver al ayer, cuando todo era perfecto...
[La primera vez que la vi llorar fue mientras me reclamaba por que el día anterior no había salido a jugar, cosas tan simples... pero ella creía que me había pasado algo malo, poco tiempo después, entendí que el llanto no era por coraje ni por capricho de tenerme a su lado, sino porque había llegado a pensar que quizás no me volvería a ver sonreír ni una vez más.]
...con una cara de desesperación, angustia y desconcierto paso mi mano derecha por mi cabeza mientras observo como una pequeña hormiga, lleva el alimento a su hogar...
[Esa vez no era una hormiga, era yo, no era alimento, era una flor, tampoco era un hogar, quizás pensaba, muy en el fondo, llevársela a mi futuro amor; sí, ella había recibido honores en la escuela por sus sorprendentes notas y es ahora cuando pienso que tome eso como pretexto para pintarle una sonrisa más con aquella bella flor.]
...una vez más dirijo todos mis sentidos hacia ella y noto como mi corazón, comienza a latir cada vez mas rápido, no parpadeo y degluto una enorme cantidad de nervios... todo esto es por el simple hecho de que también ella ha puesto toda su atención en mi dejándome perplejo sin oportunidad de movimiento alguno; nuestras miradas se cruzan intercambiando sensaciones jamás antes sentidas por alguno de los dos, no hace frió pero comienzo a temblar, ella derrama una lagrima más pero aun así no me deja de mirar, presiento que en cualquier momento un inmenso llanto la puede hacer estallar y siento eso por que algo en mi también comienza a consumirme, dejándome sin poder respirar.
Y es ahora cuando mi "yo" sucede sin que mi "mi" pueda reaccionar al golpe tan fuerte que acaba de recibir porque me acaba de hacer una pregunta que pensé que jamás llegaría a oír...
¿Quieres ser el amor de mi vida, sin dejar de ser mi viejo y gran amigo?
Ese día me tuve que levantar temprano, como todos los días, para ir y llegar a tiempo a la primer clase en la universidad, estamos en invierno y el sol sale como a partir de las 6:15 am; como siempre, encendí la luz del cuarto, pues podía ver muy poco; por lo regular siempre que despierto hay una luz encendida en la casa de los vecinos, pero esta vez estaba apagada, esa luz de ese cuarto que puedo ver a través de mi ventana. En esa casa vive una pareja bastante adulta con su hija, normalmente los señores no están entre semana, podría decir que ella vive prácticamente sola, se llama Paulina y tiene aproximadamente la misma edad que yo; es una chica realmente guapa y muy atractiva... aún no la conozco pero... su nombre pues... me lo sé porque una vez le gritaron tan fuerte que me despertaron de uno de esos sueños tan fantásticos que suelo tener; Paulina tiene un coche muy bonito y todas las mañanas al estar cerrando la puerta de mi casa, ella siempre sale corriendo de la suya, aventando sus cosas al coche y arrancándolo tan violentamente que estoy seguro que se le hace tarde para llegar a tiempo a su universidad. Es increíble la velocidad con la que hace todos esos movimientos, pero aún así me he percatado muy bien de unas cuantas cosas, Paulina no tiene el cabello lacio y sin embargo siempre sale con el alaciado perfecto, al salir corriendo, ella sabe que siempre estoy saliendo de mi casa al mismo tiempo que ella sale de la suya, y no se si es inercia o qué, pero siempre me dispara una sonrisa que, siendo sincero, me mata porque, como ya he dicho, ella es muy atractiva, gracias a esa sonrisa, me he dado cuenta que el maquillaje que porta siempre es impecable, jamás le he visto un grano en la cara, y las pinturas que usa para los ojos y los labios deben ser mágicas porque se le ven sorprendentemente magnificas; estoy casi seguro que tiene un enorme guardarropa, porque siempre sale con algo nuevo sobre el cuerpo; debe tener seguramente también muchos pretendientes, pero casualmente nunca he visto a ninguno de ellos llegar a su casa. Después de que se me hizo raro ver apagada la luz del cuarto de Paulina, baje a desayunar algo rápido, porque se me estaba haciendo algo tarde, tomé mis cosas, giré la perilla de la puerta principal de mi casa pensando en que al dar un paso afuera, me encontraría con Paulina, voltearía y la vería lanzándome nuevamente una sonrisa como apenada porque se le ha vuelto a hacer tarde, salí de la casa, cerré la puerta, voltee a ver que pasaba y había una enorme tranquilidad en la casa de ella, enseguida voltee a ver el calendario pensando que quizás me había equivocado y que hoy era talvés sábado pero no, era miércoles y su coche estaba estacionado como todas las mañanas frente a su casa, no le tomé mucha importancia y continué con mi trayecto rumbo a la universidad. Después de una hora, comencé a pensar en Paulina, porque a pesar de ser una chica aparentemente superficial e impuntual, cumplía siempre con esa rutina matutina de la que yo también había llegado a formar parte, regresé a mi casa por la tarde y su coche seguía en el mismo lugar, me dio curiosidad por ir a tocar la puerta de su casa y preguntarle si las cosas estaban bien, pero decidí no ir, pues quizás se había quedado dormida. Pasó el jueves, el viernes y no la había vuelto a ver por las mañanas, cosa que aumentaba más mi intriga, espere a que llegara el lunes, volví a salir de mi casa a la hora de siempre y Paulina... brillaba por su ausencia. Decidí ir a verla por la tarde, cuando regresara de la universidad, y así fue, iba muerto de nervios porque jamás habíamos cruzado ni una sola palabra, toqué la puerta tres veces y una voz de mujer gritó: -¿Quien?-, yo le respondí: -¿Paulina?- y me dijo: -Si, ¿quien eres?-, -soy.. Isaac, tu vecino-, le respondí con una voz temblorosa, entonces vi como abrió la puerta pero solo unos cuantos centímetros, y me dijo: -Disculpa que no pueda recibirte, pero me siento mal, ¿se te ofrece algo?-, -No, solo vine a ver como estabas porque no te he visto más salir de tu casa por las mañanas como todos los otros días de clases- vi como se abrió la puerta por completo y dándome la espalda me dijo: -Pasa si gustas-, no lo pensé dos veces y con mi mano izquierda le toque en hombro derecho diciéndole: -¿Segura que estás bien?- se soltó a llorar y me dijo que la noche del martes se había aplicado una crema en el rostro, que en lugar de tener un efecto positivo, le había demacrado la cara, tanto que había quedado frustrada y sin ganas de salir a la calle, estaba muy arrepentida de esa terrible obsesión que la invadía por tener un rostro implacable y por verse siempre bien para los demás y no para ella misma, me contó que no tenia amigos porque todo mundo en su universidad la tachaba de niña presumida y superficial, y que los pocos que tenia, los había dejado de ver hace mucho cuando vivía en otra ciudad; no paraba de llorar y me partía el corazón el no saber como poderla ayudar. Sentados en un sillón, la tome entre brazos tratando de colmar toda esa tristeza que desahogaba en lagrimas, le dije que era verdad y que nadie le discutía lo bella que era físicamente pero que hacia falta que ella se creyera cuan inmensamente bella podría ser desde el interior, inmediatamente dejó de llorar y me dijo: -¿Cómo puedo decubir eso?-, -deja que te lo demuestre- le dije y le di un beso tan profundo, cargado de todas esas ganas de amar que llevaba por dentro y que no me dejaban descansar, tardamos minutos involucrados ese instante de amor espontáneo que al terminar, no nos quedaron ganas de decir una sola palabra más.
Desde ese día ella y yo somos novios, ha cambiado mucho en su forma de vestir, el cabello natural que ella tiene me encanta y sin maquillaje se ve hermosa, nuestra rutina ha cambiado también, pues todas las mañanas toco a su puerta, ella sale, me abraza, me da los buenos días, yo le respondo con una flor distinta cada día, nos vamos juntos, me deja en la universidad y ella se va a la suya, me escribe cartas casi diario y cuando no lo hace es porque ha usado ese tiempo para hacerme mi postre favorito, yo le escribo poemas y se los leo cuando estamos en su azotea en días de luna llena, y precisamente ayer estando ahi, calló por unos segundos y viéndome a los ojos me dijo: -ahora entiendo, que me quisiste decir aquella vez con aquel profundo beso-.
Me encuentro sentado, esperando el autobús que me lleve de vuelta a casa... porque me ha terminado! si, simplemente me dijo que no quería volver a verme ni saber algo de mi; desde hace unos días, habíamos estado discutiendo por tonterías; no llevamos mucho tiempo de casados, pero siento que simplemente no funcionamos; estos 11 meses que llevamos juntos en la misma casa no me han bastado como para decir que ella es todo lo que siempre soñé, quizás ella no es la culpable de todo esto, sino yo, porque siento que algo falta aquí y aún no descubro que pueda ser, pero se que algo nos hace falta; es terrible porque de novios siempre fuimos lo máximo el uno para el otro... que triste me siento, culpable también porque ella siempre da mucho de si, cosa que a mi me cuesta trabajo hacer, ahora ya no se como pudiera remediar esto que acabamos de pasar, no se si me quiera volver a escuchar; se que la he herido mucho y no precisamente en las ultimas dos horas, sino desde hace algún tiempo… a caso debería merecer una segunda oportunidad?; le dije que recapacitara y que pensara bien las cosas antes de tomar esa decisión, pero... creo que estaba tan pero tan enojada, que las palabras le fluyeron tan rápido que ni si quiera ella misma se debe de acordar de todo lo que dijo y maldijo, debo de asumir esa responsabilidad pues fui yo quien le recordó que si no fuera por su mamá, no hubiera perdido el trabajo, pero ella tuvo la culpa al reprocharme que ella es la única que trabaja mientras yo me la paso echado frente al televisor aprendiéndome todas las historias falsas que pasan en el programa de "Laura en América" (reconozco que me divierto mucho viendo eso), pero yo mismo provoqué eso al gritarle frente a todo el restaurante que solo a ella se le ocurre olvidar el dinero en la casa... pero era ella la que ya quería irse, pues estaba harta de que yo le recordara una y otra vez que se pusiera a hacer ejercicio, que estaba gorda y que tenia mal aspecto, yo así la quiero o la quería, no lo se, lo que si sé, es que si ella no me hubiera dicho que me he convertido en un alcohólico yo no hubiera reaccionado así, desde hace poco he caído en terribles depresiones por no encontrar un trabajo y el único medio para olvidarme de mis problemas ha sido el alcohol, pero claro, se molestó cuando llamé al mesero para gritarle que el tequila que le había pedido, sabia a pura agua!
Ella: ¿Me sirves de la jarra amor? Yo: Claro que si mi cielo Ella: ¡Mira, has derramado toda el agua del vaso! Yo: Mi amor, pero si solo se derramó una gota del vaso... Ella: Si, todo por andarle viendo el trasero a esa vieja… Yo: Pero no la voltee a ver Ella: Claro que si... mesero, ¿me puede traer algo para secar el vaso? por favor. Mesero: Si señorita Yo: Bueno ¿y tu porque andas coqueteando con el mesero? Ella: Óyeme ¿qué te pasa? yo si te tengo respeto y no le ando coqueteando... Yo: Óyeme tu mesero, me traes de volada un tequila por favor, el mejor que tengas Mesero: Claro que si señor Ella: Te pasas de verdad, yo no se como es que seguimos casados, o por lo menos viviendo juntos Yo: Te recuerdo que fuiste tu la que quería casarse Ella: ¡ahh cabrón! ¿y tu no te querías casar? Yo: Pues... si pero... no tan pronto, me hubiera gustado... Ella: ¡¿Qué?! o sea ¿que nunca me amaste tanto como solías decirme? Yo: Pero no te pangas así, siempre te he amado tanto, pero no creo que haya sido lo mas correcto casarse esa vez... Ella: bueno, ¡olvídalo! veré si encuentro, de alguna manera, ya no seguir a tu lado Yo: ¡No, no!, si te amo y estamos casados, estoy feliz a tu lado no te molestes... Ella: ¡Lo dicho, dicho está "maridito"! Yo: Bueno, hazle como quieras, no me importará Ella: ¡¿Ves?!, Nada te importa, y así quieres que sigamos juntos? Yo: Tranquilízate por favor, que no quiero seguir discutiendo Mesero: Aquí está el tequila que me pidió señor. Yo: Solo me tomo este tequila y nos vamos, ¿esta bien? Ella: Hazle como quieras, a mí ya nada me importa tampoco... Yo: Meserooooo!!!
Ahora he decidido ir a buscarla y encontrar un remedio para el error que he cometido, existen dos caminos, el del perdón o el del rechazo, si me perdona pondré de mi parte y haré todo lo que me sea posible para sentirme bien como esposo y hacerla sentir la mujer mas feliz del mundo, si me rechaza, tendré que encontrar alguna otra forma para tratar de solucionar esto...
Yo: Hola amor, he venido a... Ella: No digas nada cariño, yo también lo siento, yo también te amo... Yo: ¿Te parece si vamos por algo de tomar? Ella: ¡Nooo! ¡Ya no por favor!, mejor que sea en otra ocasión. Yo: Jaja OK, esta bien.
Ahora es cuando recuerdo y me viene a la mente todo ese conjunto de imágenes hermosas de aquel día, cuando ella y yo nos conocimos... fue en la secundaria, casualmente ambos éramos nuevos y causalmente yo había elegido el asiento junto a ella, pues me había regalado la sonrisa mas tierna, sincera e indudablemente la más bella. Desde ese momento quedé como un tonto, porque mis horas de estudio se las dedicaba a ella y es por eso que mis notas eran las mas bajas de la clase; mis amigos se burlaban porque siempre andaba detrás de ella o con ella, no era mala, simplemente que yo no cubría los requisitos para llegar a ser una prioridad. Al paso de los días, las semanas y los meses, nos fuimos haciendo muy buenos amigos, ella me contaba sus problemas, yo los míos y juntos buscábamos las soluciones posibles para salir de ellos. Pasábamos mucho tiempo juntos, ella no vivía cerca de mi casa, pero yo tampoco vivía lejos de la suya, así que a veces yo iba a su casa o ella era bien recibida en la mía, después nos aburrió eso y decidimos idear un espacio secreto, donde solo estuviéramos ella, yo y la naturaleza de testigo. Un día recibí una llamada de ella, le urgía verme, corrí asustado hasta su casa... "no te espantes pequeño, no pasa nada", recuerdo que me dijo riéndose y acariciándome las mejillas; me tomó de la mano y me dijo que corriera, así lo hice y corrimos, corrimos por mucho tiempo, pero en realidad era poco porque mientras estaba con ella mi noción del tiempo se perdía junto con mi noción del espacio haciéndome caer una y mil veces en plena estupidez, convirtiéndola a ella en la única culpable de esa briaguez inimaginable del amor en silencio que le tenia solo por temor a perder su increíble amistad. Y así volvieron a pasar días y meses hasta que llegó la hora de entrar al último grado, seguíamos frecuentándonos en "el lugar secreto", las risas, los juegos, las canciones... hasta las tareas eran divertidas y todo eso, simplemente por estar junto a ella. Se acercaba la fecha de la graduación y ambos teníamos miedo de separarnos por cualquier situación; recuerdo que estando en "el lugar secreto" ella tomó mis manos y me dijo al oído que pasara lo que pasara, la amistad no se acabaría ahí y que el tiempo que había pasado conmigo no lo cambiaría por nada en el universo, repentinamente comenzó a escurrirme una lagrima por el rostro, y era por dos motivos... "¿Por qué lloras pequeño?", me dijo limpiándome la lagrima y acariciándome de nuevo las mejillas, como solo ella sabía hacerlo... es por dos motivos, le dije, el primero es por el miedo a perderte y el segundo es por la alegría que me invade al saber que existes y que ahora estas conmigo, comenzó a llorar incansablemente sobre mi pecho, la noche comenzaba a cubrirnos sentados en aquel tronco de aquel bosque de ese "lugar secreto", la abracé y por horas lloramos y lloramos nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro incierto. El despertador sonó y de nuevo había que levantarse para ir a uno de los últimos días de escuela, lo primero que hice fue saludarla pero pude notar que estaba algo rara, como triste y desesperada, le pregunté que qué le pasaba, o que si podía ayudarla... me dijo que era nada, que pronto le pasaría, ha sido uno de los días mas ordinarios para todos, excepto para mi, porque con su presencia convertía mis días ordinarios en extraordinarios, causando en mi esa sensación... esa que solo causa el amor. Al llegar a la casa mi madre me dijo que ella había hablado, no lo pensé dos veces, corrí hacia el teléfono y le llamé... he salido corriendo de mi casa, y aun no se porque le urge hablar conmigo esta vez, he cortado una rosa de un jardín y no falta mucho para llegar a donde me ha citado... "el lugar secreto". ¿Qué me querrá decir?... bueno no importa, diga lo que me diga, yo también tengo algo que decirle… Ahí está, y tiene lagrimas en los ojos... -Hola pequeña, antes de que me digas lo que me tienes que decir, quiero que sepas que he vivido enamorado de ti todo este tiempo, desde aquella vez que iluminaste mis ojos con aquella bella sonrisa... pero por favor no llores... -¡Si! lloro porque yo también he vivido enamorada de ti desde aquella vez que me puse nerviosa cuando te sentaste junto a mi... -Pero… ¿por eso lloras? -Mi papá me ha dicho que nos mudaremos, muy lejos de aquí... Mientras la abrazo lloramos juntos tanto como la primera vez; se irá mañana al amanecer, y solo Dios sabe si la volveré a ver... vuelvo a caer, pero esta vez en un estado de temor, donde ella sigue siendo la culpable, la única culpable de todo este conjunto de sentimientos que ahora me envuelven y me hacen creer en el gran poder del amor. continuará...
Me habían hablado ya, de la aventura, de los nuevos horizontes, de todo aquello que podría alcanzar con tan solo un poco de libertad; cansado de todos esos comentarios y de todo lo que el discurso social me imponía, decidí crear un nuevo camino e ir en busca de mi propio destino... un pequeño velero, una camisa, un pantalón y una bella canción... y... ¿a donde irás? escuche decir a lo lejos,miré al cielo y al horizonte que me esperaba, volví en sí... solo quedaba esperar al siguiente amanecer.
[ayer se fue, tomó sus cosas y se puso a navegar, una camisa, un pantalón vaquero y una canción -donde irá, donde irá-]
Sin saber si volvería, me despedí de mis padres, de "ella", de mis buenos amigos; el mar de frente, lágrimas en los ojos, muchas cosas en mente... hora de partir había llegado. [se despidió y decidió batirse en duelo con el mar y recorrer el mundo en su velero y navegar]
Entonces partí, la aventura había comenzado, era difícil ponerme a pensar en qué era bueno o qué era malo, en lo que vendría, en... si todo lo que haría sería en vano. "Libertad" había nombrado a mi velero, navegábamos con fuerza y siendo sincero, buscábamos todo aquello que desconocía la certeza. El viento golpeaba mi sonrisa, mis ojos veían gaviotas volar, mis brazos acariciaban la brisa y mi sensación de libertad dibujaba estelas en el mar, era también difícil pensar, que algo nos podía parar. [y se marchó y a su barco le llamó "libertad" y en el cielo descubrió gaviotas y pintó estelas en el mar]
Mi corazón, ansioso de conocer mundos nuevos, me daba ánimos para seguir y buscar todo lo necesario para encontrar una nueva forma de vivir, seguía escuchando aquella voz, pero esta vez me pedía que volviera con los demás... [su corazón buscó una forma diferente de vivir, pero las olas le gritaron "vete con los demás"] La noche nos invadió, y agotado, decidí ir a descansar, pero en el intento de comenzar a dormir, ¿a donde vas? volví a escuchar de nuevo a esa voz... después de pensar en mis padres, amigos y en "ella", después de considerar si era necesario el viaje para encontrar la libertad, después de pensar si en verdad era ese el lugar donde debería de estar, ¡decidí regresar! [y se durmió y la noche le gritó "¿donde vas?" y en sus sueños dibujó gaviotas y pensó "¡hoy debo regresar!"]
A la mañana siguiente, la voz que no me dejaba en paz, me preguntaba: ¿como estás?... voltee a ver si lograba descifrar de donde provenía... no recuerdo exactamente todo lo que vi, porque algo me deslumbró, solorecuerdo haber visto, los ojos de "ella", tan bellos y tan azules como el mar. [y regresó y una voz le preguntó "¿como estás?" y al mirarla descubrió unos ojos azules como el mar.]